¿Y si no estamos en este planeta solo “de paso”? ¿Y si no estamos en este planeta solo “de paso”?
Una observación captó mi atención durante unas vacaciones en Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires, mientras meditaba temprano una mañana sentado en... ¿Y si no estamos en este planeta solo “de paso”?

¿Estamos solo de paso en la Tierra?

Una observación captó mi atención durante unas vacaciones en Monte Hermoso, en la provincia de Buenos Aires, mientras meditaba temprano una mañana sentado en una reposera en el parque de la casa que alquilamos con mi familia. Era un terreno arenoso, cercano a la playa del Mar Atlántico, con una vegetación dominada por pinos que, según se me dijo, fueron inicialmente plantados por la mano del hombre, y rápidamente se multiplicaron, junto con otras especies, para crear un paisaje típicamente boscoso.

Más al ras del suelo, sin embargo, se desarrollaba un escenario que me pareció curioso: la convivencia de tres especies con características bien diferenciadas, que me llevaron a imaginar, retrospectivamente, la historia de la evolución de la vida sobre nuestro planeta, y a proyectar cómo podría seguir esta historia.

En primer lugar –si mi cuadro de la evolución era correcto– unas pequeñas plantitas que se reducían a un tallo y una única hoja en el extremo de aquél, formando una figura semejante a un paraguas.

En segundo lugar, una especie configurada por un tallo y una cantidad de hojas alargadas surgiendo a lo largo de aquél.

Por último, una tercera especie, más compleja, que mostraba un tallo central, del cual se desprendían pequeñas ramificaciones, y recién de éstas surgían pequeñas hojas.

¿Somos solo una instancia en la evolución de la vida?

Sentí como si el Universo estuviera representando ante mis ojos un pequeño cuadro que proyectaba la historia entera de la evolución de la vida sobre nuestro planeta, y tal vez de la vida como tal.

Volví mi mirada atrás, hacia un breve tiempo pasado cuando aquel territorio habría sido una gran extensión de arena con poca vida vegetal, y donde un agente externo (el hombre) introdujo vida de una especie diferente a la que había hasta entonces, capaz de desencadenar una secuencia vital con el potencial de multiplicarse a sí misma y hacer brotar vida de las pequeñas rocas que son los diminutos granitos de arena.

¿Cómo pudieron unos pocos árboles plantados por el hombre multiplicarse de semejante manera, desarrollando un festival de vida de naturaleza tan variada? ¿Toda esa vida estaba ya allí, o acaso las primeras hojas de los primeros árboles, al caer al suelo, transformaron la naturaleza misma de la arena, enriqueciéndola y dotando de vida a aquello que no la tenía? ¿Hay en la naturaleza una “alquimia” capaz de transformar la química de las piedras inertes, para que se conviertan en tierra fértil?

La evolución de la vida en la TierraMe retrotraje al tiempo cuando la Tierra habrá sido una forma inerte, apenas unos cuantos millones de años después que se aquietó el pavor de la gran masa de lava hirviente que fue en sus inicios. Un tiempo en que habrá sido roca y agua, agua y roca, y montañas de piedra surgiendo de la estrepitosa hecatombe de terremotos y volcanes.

Poco importa qué “mano” depositó los primeros destellos de vida, vida diminuta, sobre la superficie del planeta, apenas su temperatura le permitió calificar como “apto para la vida”. Poco importa si surgió de su interior o vino de afuera. Sabemos hoy que esa vida era “primitiva” y extremadamente “elemental”. Al menos así hemos consensuado en calificar a esas especies originales.

¿Cómo llegó a poblarse nuestro planeta de vida que puede contarse en millones, tanto en volumen total como en variedad de especies? ¿Cómo llegó la vida a cubrir completamente al planeta, su superficie, el aire que lo circunda, las profundidades subterráneas y submarinas? ¿Cómo llegó a evolucionar en complejidad, desde aquellas especies unicelulares, hasta las complejas criaturas inteligentes, entre las cuales nuestra especie es una más?

Se me antoja imaginar que las tres especies que observé en Monte Hermoso (un tallo y una hoja; un tallo con varias hojas; y un tallo con varias ramas y hojas) son representantes de apenas un pequeño fragmento de la historia de la evolución de la vida sobre nuestro planeta.

Desde la más primitiva forma de vida unicelular (la más simple de las especies) hasta las complejas formas, sofisticadas e inteligentes, que convivimos en la actualidad, mucha agua corrió bajo los puentes de la historia.

¿Y si creamos este universo con el propósito de hacerlo nuestro hábitat?

Mucha agua seguirá corriendo. Puesto en esta perspectiva, una pregunta va tomando forma en mi mente (sé que es una pregunta que otros se han hecho antes que yo): ¿es la especie humana, tal como nos conocemos actualmente, la última instancia de evolución de la vida sobre nuestro planeta? ¿Qué dirección tomará nuestra evolución en el porvenir?

Y ya instalado en esta perspectiva, vuelvo a una pregunta todavía más antigua: ¿cuál es el sentido de nuestra existencia?

¿Estamos en este mundo solo “de paso”? ¿Cada uno de nosotros, como individuos, como seres individuales, estamos en esta vida “de paso”? ¿Nuestra verdadera naturaleza pertenece a “otra dimensión”, a otros planos? ¿Es nuestro paso por este mundo una “prueba”?

¿Cuál es el sentido de nuestra existencia?¿O estamos realizando en este universo físico nuestra verdadera razón de ser? ¿No estamos participando, ya no individualmente, sino como un “colectivo”, de nuestra propia evolución, de la evolución de la vida como tal? ¿No estamos participando en la creación del mundo en el cual alguna vez decidimos que transcurra nuestra existencia? ¿No estábamos aburridos de ser “pura conciencia”, y decidimos crear un mundo que nos representara un desafío, donde transcurriera el tiempo y donde las cosas estuvieran en permanente cambio?

Tal vez nuestro desafío en el estadio actual de nuestra evolución consista en reconocer que nuestra esencia espiritual, eterna, nuestro ser “pura conciencia”, está en perfecta armonía con nuestra decisión de venir a existir a este mundo, que creamos precisamente con ese fin.

Y entonces, si fuera así, nuestro desafío, tanto individual como colectivo, comenzaría por reconocer que no estamos “de paso”, sino que tenemos el propósito y la intención de hacer de este lugar el mejor lugar posible para habitar como seres vivos … seres humanos o lo que lleguemos a ser en el próximo estadio de nuestra evolución.

Esteban Owen

Esteban Owen

Esteban Owen es el propietario de VivirConscientes. Además es titular de Concepto Lateral (www.conceptolateral.com), consultor en comunicaciones empresariales y marketing online.

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