El arte de leer la Biblia El arte de leer la Biblia
Hay que leer. Es decir entender. Es decir inferir. Eso implica creación y movimiento. La vida como voluntad de interpretación. Reflexiones de Jaime Barylko... El arte de leer la Biblia

Cómo leer la BibliaHay que leer. Es decir entender. Es decir inferir. Eso implica creación y movimiento. La vida como voluntad de interpretación.

Reflexiones de Jaime Barylko

“El hombre no es un espectador neutral del drama cósmico. Hay en nosotros más afinidad con lo divino de lo que creemos. Las almas de los hombres no son fuegos artificiales producidos por la combustión de los elementos explosivos de la naturaleza, sino velas del Señor encendidas en el camino cósmico, y cada alma le es indispensable a Él. El hombres es necesario; es una necesidad de Dios.”

El párrafo está tomado del libro El hombres no está solo. El epígrafe de esa obra alude, justamente, al problema que más nos asedia: la soledad.

Esta soledad no-buena deriva de encontrarse arrojado en un mundo que nada espera de mí, indiferente, azaroso, sin valores, desprovisto de significados.

Cada uno es significativo, pero no por el mero hecho de haber nacido, sino por haber nacido para algo, para alguien, para modificar, aunque fuera en un átomo la marcha de la historia.

Es una opción.

Hay que elegir, jugarse, comprometerse.

 

El Libro de los Libros se hizo ley de vida, motivo de existencia.

Del Libro emerge un programa pedagógico y un plan básico: el aprendizaje de la justicia y de la paz, marco esencial de la convivencia.

El Libro entiende que la sociedad toda ha de ser sujeto y objeto de la educación, que si el libro es el punto de partida, el medio conducente es la lectura, que es el compromiso significativo que el lector asume con la palabra significante.

Hay que leer. Es decir entender. Es decir inferir. Eso implica creación y movimiento. La vida como voluntad de interpretación.
Eso reclama diálogo, confrontación de imágenes, razonamiento explicativo.

El pueblo del Libro, en consecuencia, hubo de hacerse el pueblo de los libros que constituían la hermenéutica del Libro y que fueron germinando en cada generación, con otros tonos, otros ecos.
Leer, mikrá y volver a estudiar, mishná.
Y estudiar, guemará, Talmud.
Libros sin nombres.
Libros que indican qué debe hacer el hombre con ellos, para que sean, para que viva.

 

Fuente: Jaime Barilko, Cabalá para todos (Buenos Aires, Zeta; pp. 66 y 67).

Vivir Conscientes

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